Un camino para recuperar el crédito

Guillermo Mondino

El crecimiento está fuertemente correlacionado con la profundidad de la intermediación financiera entre ahorro e inversión de un país. De la misma forma, el crecimiento está vinculado con el grado de apertura y la estabilidad del país. Por eso, muchos economistas se plantean la disyuntiva entre un desarrollo financiero importante con un tipo de cambio muy estable (en el límite dolarización) o una flotación cambiaria y menor nivel de desarrollo financiero. Veamos esto más de cerca.

Todo el mundo concuerda en que los argentinos han revelado una preferencia por ahorrar en dólares. Si los bancos toman depósitos en dólares deben prestar en la misma moneda. Eso implica desarrollar un sistema financiero amplio, pero dolarizado. Ahora bien, un sistema financiero tradicional denominado en dólares tiene una fuerte vulnerabilidad ante fluctuaciones cambiarias. Si el peso se devalúa, los deudores pierden solvencia, dejan de pagar y los bancos no pueden hacer frente a los depósitos.

De allí que, se infiere, lo lógico si queremos desarrollar un buen sistema de intermediación entre ahorro e inversión, es fijar el tipo de cambio en forma muy permanente. Pero un tipo de cambio fijo conspiraría, de no mediar ajustes que no hicimos durante los noventa, contra la estabilidad futura y la mayor inserción comercial. En el otro campo están los que priorizan la flexibilidad en el tipo de cambio y proponen organizar un sistema bancario totalmente en pesos. Es decir, sacrifican crédito a mediano y largo plazo en aras de mayor flexibilidad en los precios relativos.

Pero ésta es, a nuestro criterio, una disyuntiva falsa. La Argentina no se puede dar el lujo de cerrar caminos al desarrollo financiero ni productivo. Es tal la destrucción que padecemos que debemos mantener una posición flexible y pragmática. En el Ieral de Fundación Mediterránea hemos articulado una propuesta globalizadora de las diversas opciones hoy planteadas. La principal preocupación ha estado puesta en generar un sistema que pueda convivir con un régimen de tipo de cambio flotante pero que potencie al máximo el crédito, que permita el desarrollo de un mercado de activos y pasivos bancarios en dólares.

Por una importante cantidad de razones, creemos que la Argentina deberá tener en los próximos años un régimen cambiario que absorba con eficacia movimientos en los precios relativos. Esto se logra con un tipo de cambio flotante. Simultáneamente, debemos dotar de disciplina a la política monetaria con reglas similares a las vigentes durante la convertibilidad. Se debe fijar un nivel (piso) del tipo de cambio donde el Banco Central compra reservas y expande la oferta de dinero. Cuando el tipo de cambio flota libremente por arriba de dicho piso, es imposible emitir pesos.

El Banco Central utiliza sus reservas para crear un fondo de estabilización fiscal y para capitalizar un fondo de prestamista de última instancia. Ambos fondos, cuando intervienen venden o compran dólares en el mercado libre con cargo al Tesoro de la Nación. En cuanto al sistema bancario, éste debe ser, cuando menos, bimonetario. Debemos permitir el desarrollo de depósitos y préstamos tanto en pesos como en otras monedas. Nuestra propuesta es amalgamar las diferentes ideas existentes en un sistema polifacético. Los bancos podrán operar como bancos universales toda vez que lo hagan en pesos. Tomarán depósitos a plazo fijo o en cuenta corriente en forma libre, pero en pesos. En dicha operación tendrán encajes fraccionarios como cualquier sistema bancario y estarán sometidos a normas prudenciales tradicionales.

Dólares a cualquier destino

Si la banca universal decidiera tomar depósitos en dólares, éstos estarán sometidos a estrictas regulaciones. Los depósitos transaccionales estarán sometidos a elevados requisitos de liquidez, mientras que los depósitos a plazo fijo sólo podrán ser canalizados a préstamos a sectores resguardados de las fluctuaciones cambiarias como la financiación de exportaciones. Así, los bancos podrán desarrollar una amplia gama de negocios tradicionales, aun cuando estén sujetos a normas más duras y restrictivas que en el pasado.

También proponemos que los bancos puedan continuar prestando en dólares a cualquier destino, bajo algunas regulaciones prudenciales, a través de su brazo de banca de inversión. La idea es sencilla. Los bancos tienen una ventaja comparativa a la hora de evaluar, monitorear y asegurarse la cobranza de un préstamo (cuando en el medio no está el Estado). Por lo tanto, debemos dejarles que continúen prestando libremente en dólares, sin regulaciones que hagan selectivo el crédito entre sectores o fines. Los bancos que realicen estos préstamos deberán estar adecuadamente capitalizados de forma de incentivar la mejor gestión bancaria posible.

La banca de inversión se financiará colocando en el mercado certificados de depósitos que tendrán un horizonte intermedio y podrán ser adquiridos en los mismos bancos o en un mercado secundario. Los certificados de depósitos serán participaciones en un fondo de préstamos realizados para un determinado fin o tipo. Tendrán una tasa de interés y serán muy líquidos, pues el propio banco tendrá un fuerte incentivo a defender el precio del instrumento que será muy estable durante períodos normales. El nivel de capital provisto por el banco como complemento del depósito asegura que las fluctuaciones crediticias se sentirán más en las ganancias de los bancos que en el precio de los certificados. Por ello, todos los depositantes, durante la mayor parte del tiempo tendrán un depósito más seguro pues ahora siempre tendrá cómo venderlo si es que así lo desea el depositante y que normalmente operará como los viejos plazos fijos.

El mérito de este mecanismo es que en tiempos de crisis, cuando los deudores tengan dificultades sistémicas el precio de los depósitos bajará. Así, sin intervenciones del Estado ni grandes saltos discretos en el precio, el depositante absorberá parte del riesgo de la asignación de su dinero. El banco hace otro tanto pues primero pierde su capital. El sistema tiene un mecanismo estabilizador automático pues si el precio de los depósitos cae, los deudores pueden adquirirlos en el mercado secundario para cancelar sus préstamos.

Finalmente, en una corrida de depósitos, donde todos los depositantes corren simultáneamente hay también un mecanismo equilibrador. Ahora los nuevos certificados perderán valor en una situación de pánico induciendo que los depositantes valoricen la posibilidad de quedarse con el instrumento. Antes, como su precio era fijo, había que correr más rápido al banco para así asegurarse de no quedar atrapados sin posibilidad de cobranza. Toda estrategia de reforma financiera debe desarrollar el mercado de crédito haciéndolo robusto a cambios de precios relativos. Luego de lo ocurrido en los últimos tiempos, la Argentina debe reconstruir canales para facilitar la acumulación. .

El autor es economista del Ieral.

LA NACION 17-11-2002