Mercado negro

Enrique Valiente Noailles

¿Por qué las leyes en la Argentina no se cumplen ni se hacen cumplir? ¿Por qué la sociedad condena la corrupción, pero la corrupción es tolerada y tiene inclusive intención de voto? ¿Por qué hasta los políticos están de acuerdo con las ideas básicas de bien común, pero en la práctica el bien común no es prioritario? ¿Por qué en la mesa del diálogo la gente se pone de acuerdo sobre lo básico, pero es precisamente lo básico aquello que nunca se implementa? ¿Por qué la noción de lo público, un activo que es de todos, fue abandonado a su suerte y es, desde hace mucho, tierra de nadie?

Estas preguntas, y muchas otras que podrían agregarse, son incontestables si uno tiene una visión uniforme del país. No somos un país que abiertamente haya optado por respetar la ley y penar la transgresión, ni tampoco que haya resignado la ley y se haya entregado enteramente a la anarquía. Tenemos un país de tipo dual, con paradojas difíciles de entender, con una superficie discursiva racional que a primera vista no deja ver la fenomenal actividad que hay por debajo, un inmenso mercado negro donde se mueve la sociedad real.

Al igual que cuando había un desdoblamiento en el tipo de cambio, existe desde hace años un mercado blanco de los valores, en general suscripto con la declaración, y un mercado negro de valores, en general puesto en marcha con la acción. Es en el mercado negro donde se transa y se urde realmente el futuro del país. Y la dirección real que vaya a tomar la Argentina en el futuro estará determinada por la fluctuación de la brecha entre el mercado blanco de valores, que tiene cotizaciones estables (todos sabemos lo que hay que hacer), y el mercado negro, que tiene la vitalidad de todo mercado negro y que fluctúa de acuerdo con la mayor o menor demanda de valores paralelos que la sociedad requiere como circulante.

Del mismo modo podría uno preguntarse: ¿por qué tenemos 100 líderes sociales que podrían construir un país modelo, y tenemos más de 100 líderes políticos que destruyen el país día a día? ¿Acaso el mercado blanco y el mercado negro de valores se han corporizado, capturando en parte uno la vida privada y el otro la vida pública del país? Parecería que por ahora estamos consagrados a la dualidad, una dualidad que no busca reconciliarse en otra instancia sino que ha decidido por ahora permanecer como tal.

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