Law enforcement
Si
el título de este capítulo está en inglés, es para reforzar el concepto de que
otra de nuestras grandes fallas como comunidad, sociedad, país está en la falta
de acción en este sentido, ya que ni siquiera tiene una traducción inmediata, frase
hecha, independientemente de las academias de lenguaje.
Law enforcement en los países sajones significa hacer cumplir
la ley. No es un concepto solo policial. Es un concepto universal. Si
propiciamos una ley, una norma, es para que se cumpla. Ello no es automático,
con el solo dictado de una norma.
Como podemos fácilmente apreciar en
la vida cotidiana, cuando dado un conjunto de normas, las mismas no se vigilan
y no se hacen cumplir, la degradación es rápida.
Si hay muchas personas en
posibilidad de incumplimiento, quizás unos pocos comenzarán a impulsar el
incumplimiento, y pronto la mitad los acompañará; y si no surge un rápido
control externo, tras otro corto lapso, pasa a convertirse en de las tantas
normas optativas en la práctica, aptas para la corrupción, si se usan para
coaccionar a un incumplidor, o para que se sancione “injustamente” a otro
incumplidor. “Injustamente”, pues por un lado el ciudadano no puede desconocer
la ley, pero por otro la injusticia radica en que al no aplicarse en forma
pareja, solo pagan los desprevenidos y en forma aleatoria.
Otro buen ejemplo es una clase de
alumnos sin celador. No importa si los mismos son de primaria avanzada,
secundaria o hasta a veces universitaria. Ya se ha dicho que el ser humano en
masa se comporta en forma cercana al menor nivel intelectual de sus
integrantes. Bastará un corto período de tiempo, quizás mayor cuando la
educación es superior, para que la buena conducta quede en promedio, relegada.
Sin duda podemos culpar a esta falta
de capacidad para hacer cumplir la ley, buena parte de la corrupción
generalizada que padecemos, hasta haber alcanzado una metástasis institucional.
No es un problema de nacionalidad.
Es habitual reconocer compatriotas en el exterior, por ejemplo en EE.UU., a los que uno asombrado, cuando les señala su buen
comportamiento no esperado, sea fiscal, sea en el tránsito, recibe respuestas
como “es que acá seguro que te agarran y te…”, y así es.
Y ello no solo por parte de la
autoridad de control, cualquiera sea, (inspectores, policía de tránsito, o
cualquier otra en su caso, sino por los mismos conciudadanos, ya sea como
advertencia directa, o por denuncia que es rápidamente verificada. Es habitual
escuchar anécdotas de viajeros en este sentido; en actividades profesionales o
comerciales; o simplemente como automovilistas,. En mi
caso, vieja anécdota, como peatón en la capital del país arriba mencionado,
recibir a viva voz, mezclada con algún calificativo poco grato, por parte de un
automovilista detenido por mi culpa, ante nuestra costumbre de esperar el
cambio de luz habiendo descendido de la vereda: el automovilista debe parar,
mientras que uno se pregunta que es lo que está pasando.
Desgraciadamente la corrección del
problema, no solo no es fácil, sino que se interrelaciona inmediatamente con
otras problemáticas locales, que necesitan atención simultánea. Sin pretender ordenarlas por órden de mérito, algunas son:
Si fuera posible una limpieza de
leyes y normas, despojándolas de vericuetos y contradicciones, de trucos para
iniciados en las corporaciones que en la práctica las administran, sería más fácil
de encarar, y mas justa la organización de las
unidades encargadas de hacer cumplir las normas.
El comportamiento y la psicología
comunitaria sería inversa a la nuestra actual. Sea por
nuestra historia de dictaduras, sea por la transmisión boca a boca de ancestros
provenientes de monarquías europeas, aunque sin la vivencia de su
democratización y desarrollo modernos, sea por la acción de ideologías anárquicas,
quizás comunes en las etapas juveniles de estudiantes universitarios, de las
que se nutren los medios de difusión por su bajo costo, los encargados de
forzar el cumplimiento de la ley, son “ellos”; “nosotros” somos los perseguidos
que debemos ponernos a salvo del represor. En vez de “nosotros” queremos un
orden, en el que podamos ejercer con libertad nuestras ocupaciones, y
designamos a quien nos ayude a preservarlo, y a prevenir que sea alterado.