La devaluación fracasada en un país dividido

Por Roberto Cortés Conde

Publicado en La Nación el 16 de abril de 2002

"Los críticos del gobierno argumentaron que existía una amplia justificación al escepticismo de los ahorristas e inversores. La administración ejecutaba grandes déficit en el año que siguió a la devaluación. De acuerdo con los opositores, los inversores temieron que la remoción del patrón oro (convertibilidad) más que permitir la adopción de políticas reflacionarias sensatas abriera la puerta para que el gobierno siguiera toda clase de políticas fiscales y financieras irresponsables. En vez de estimular la economía, la devaluación y los déficit fiscales promovieron temores de inflación, trastornos financieros y fuga de capitales. Políticas financieras y fiscales ineptas agravaron la crisis de confianza según los críticos del gobierno. El fracaso en estabilizar rápidamente la moneda a su nuevo nivel más bajo hizo más difícil revertir la dirección de la fuga de capitales."

Esta cita no se refiere a la Argentina de hoy, aunque ciertas similitudes sorprendan. Trata del experimento francés de devaluación de 1936 y sólo se le han eliminado algunas precisiones que identificaban al país al que se referían. ¿Por qué en Francia la devaluación no tuvo el efecto positivo que tuvo en Gran Bretaña en 1931 o en los Estados Unidos en 1933?

La crisis de 1930 produjo en Francia una baja en la actividad económica y en los ingresos fiscales. Pero Francia había heredado la traumática historia de la enorme depreciación del franco en los años 20, resultado del enfrentamiento (guerra de agotamiento) sobre quién pagaría los costos de la reconstrucción de la guerra de 1914, una vez que se supo que los alemanes no lo harían. El Cartel des Gauches, que llegó al gobierno en 1924, debiendo afrontar las deudas y los grandes gastos de la reconstrucción, amenazó con poner impuestos a los capitales, lo que provocó su estrepitosa fuga y la caída del franco y de la actividad económica. Fracasado ese intento, en 1926 volvió al gobierno Raymond Poincaré, que lo había presidido hasta 1924, con el frente nacional de las derechas y llevó adelante un programa de estabilización que aumentó los impuestos al consumo y bajó los gastos. A partir de entonces, y con una fuerte entrada de capitales, gracias a un franco estable y subvaluado, la economía creció.

Eliminar el déficit

Con la crisis del año 30 cayeron los ingresos fiscales. Los déficit que en consecuencia se produjeron alarmaron al público, preocupado por lo que había sucedido una década antes. Había escepticismo acerca de la capacidad del gobierno de aumentar los impuestos y bajar los gastos, y el capital empezó a salir en proporciones alarmantes.

En septiembre de 1931, Gran Bretaña, que había sido el campeón del patrón oro, lo abandonó y devaluó la libra, medida en la que fue acompañada por numerosos países. Tras la devaluación británica, para mantener la competitividad a Francia no le quedaban más alternativas que devaluar o deflacionar. Pero la devaluación traía el recuerdo de los años 20, de la enorme depreciación del franco, de la fuga de capitales y de la caída de la actividad económica. El rechazo a la devaluación fue generalizado e incluía a los grupos de izquierda, que entendían, con razón, que ésta produciría la caída de los salarios reales de los trabajadores.

Las medidas deflacionarias, de todos modos poco exitosas, provocaron descontento y en 1932, por primera vez desde 1926, las izquierdas ganaron las elecciones y lograron formar un débil gobierno minoritario de coalición con el apoyo de los radicales, que no tenían un programa económico, y de los socialistas moderados. Eliminar el déficit no fue una tarea fácil, especialmente para un gobierno sometido a las inestables mayorías parlamentarias y a una coalición circunstancial con visiones distintas. Su intento de reducir los gastos bajando los sueldos de los funcionarios fue rechazado en el Senado por los socialistas y radicales de izquierda, que alegaron que eso perjudicaría a los más pobres, y propusieron aumentar los impuestos a los más ricos. Sin apoyo parlamentario suficiente el premier Édouard Herriot renunció.

En 1934 Pierre-Étienne Flandin, un radical moderado, asumió el gobierno reconociendo la imposibilidad de devaluar. La decisión de mantener el valor en oro del franco se hizo más difícil cuando, en abril de 1933, el más importante de los países que habían continuado en el club del patrón oro, Estados Unidos, también decidió devaluar. Flandin buscó un camino intermedio que promoviera la actividad económica con un ligero aumento de precios (reflación) por medio de la expansión del crédito y del dinero. Forzó la renuncia del gobernador del Banco de Francia y colocó en su lugar a uno más dúctil a los requerimientos del gobierno. Nada hizo, en cambio, por eliminar el déficit. Todo ajuste del gasto público afectaba a sectores poderosos y sensibles al sentimiento popular: los funcionarios públicos, los veteranos de guerra y los pensionados. Bajo la convertibilidad la expansión monetaria y del crédito produjo una continua salida de reservas, la que aumentó ante el temor de que Francia siguiera el camino de la devaluación. Flandin, sin apoyo político suficiente, dejó el gobierno.

La deflación en 1935

En Francia no duraban los gabinetes cuando, a fines de 1934, volvió la derecha al gobierno. El primer ministro Pierre Laval, decidió una baja generalizada del 10 por ciento en sueldos, gastos, intereses, deudas, etcétera. Sin embargo, sólo logró bajar entre un 3 y un 5 por ciento los salarios de los funcionarios y no pudo eliminar el déficit fiscal. Como los presupuestos se elaboraban con estimaciones de ingresos del año precedente, éstos, debido a la caída de la actividad, resultaban menores y esto agravaba el déficit. Laval, en un intento de reactivar, recurrió como Flandin al Banco de Francia para descontar letras de tesorería, lo que condujo, por el contrario, a una verdadera hemorragia de reservas. Como otros, pidió poderes especiales, que le fueron negados, tras lo cual renunció, mientras la economía continuaba en declinación.

El programa del Frente Popular

En momentos del surgimiento del fascismo y el nazismo, los radicales aceptaron formar un Frente Popular con socialistas y comunistas, que ganó las elecciones en 1936. El nuevo premier, Léon Blum, que asumió en medio de una ola de huelgas y de ocupaciones de fábricas, pretendió mejorar las condiciones de consumo de los sectores populares para que así –se decía– se reactivara la economía. Reunió a empresarios y sindicatos y forzó un acuerdo, el de Mantignon, por el que se aumentaron los salarios y se establecieron convenciones colectivas de trabajo. Diagnosticando la crisis como una de sobreproducción, el Frente Popular y los sindicatos insistieron en reducir la jornada de trabajo a 40 horas semanales.

Finalmente, en septiembre de 1936 Blum decidió el abandono de la convertibilidad y la devaluación del franco Poincaré, que terminó perdiendo más del 50 por ciento de su valor respecto a la libra esterlina. Hubo una corta recuperación de la actividad pero, debido al clima de desconfianza, la caída de la rentabilidad con las nuevas condiciones de trabajo y la continua y acentuada salida de capitales, la recaída llegó muy pronto. La reducción de la jornada produjo una baja de la productividad, un precio que pagaría muy alto Francia cuando tuvo que enfrentar a Alemania, donde el Estado totalitario forzaba a trabajar domingos y feriados.

Blum dejó el gabinete mientras la continua salida de capitales llevó a una nueva devaluación en 1937. En medio de un creciente déficit y el aumento de la deuda, inversores y ahorristas no confiaban en que el nuevo valor del franco fuera el más bajo, y retiraban sus capitales para llevarlos a lugares más seguros. Francia no logró recuperarse. En vísperas de la Segunda Guerra Mundial, el programa de rearme, un aumento de la jornada de trabajo, mayor disciplina y productividad condujeron a una reactivación, pero ya sería tarde. Tras una breve guerra Francia fue derrotada.

¿Cuál fue la diferencia entre la devaluación en Francia y en Estados Unidos?

· No había en Estados Unidos la memoria de una experiencia como la gran depreciación, la inflación y la fuga de capitales de los años 20, y tampoco se había dado la reiterada confrontación entre sectores por quién pagaría los costos del conflicto (la guerra de agotamiento) .

· Estados Unidos tuvo un régimen político presidencialista más estable que las débiles coaliciones del sistema parlamentario francés, donde ninguna coalición tuvo suficiente apoyo político.

· La devaluación en Estados Unidos no produjo una fuga de capitales, no sólo por la enorme magnitud del mercado doméstico, sino porque, en las condiciones de 1933, no había, en el mundo, lugar más seguro.

No todas las devaluaciones tienen resultados similares, dependiendo esto de variadas circunstancias. La Argentina de 2002, lamentablemente, es más parecida a la Francia de 1936 que a los Estados Unidos de 1933.

El autor es profesor de historia económica de la Universidad de San Andrés.